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La misteriosa anomalía de las sondas Pioneer |
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Noticias -
Anomalías
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martes, 08 de enero de 2008 |
Las naves Pioneer 10 y 11, lanzadas hace cerca de 30 años, se alejan a
una velocidad menor a la que correspondería según las leyes del
movimiento, lo que sorprende a los científicos y plantea en los
confines del sistema solar una intriga digna de una novela de ciencia
ficción. Recuperando los datos de las Pioneer para explicar la
'anomalía'
(CyTA-Instituto Leloir. Por Ricardo Gómez Vecchio) - Los confines de
nuestro sistema solar no parecen el lugar ideal para una novela de
suspenso, sin embargo, algo extraño está ocurriendo por allí que
intriga a los científicos. Hace más de treinta años partieron en
misiones a Júpiter y Saturno dos naves, las Pioneer 10 y 11. Su destino
posterior era traspasar por primera vez los límites del sistema solar.
En eso están, precisamente, luego de años de viaje. Pero lo curioso es
que lo están haciendo a una velocidad menor a la que correspondería.
Este hecho ha merecido el nombre de La Anomalía de las Pioneer,
encantador título para una novela de ciencia ficción. Sólo que en este
caso no se trata de ficción; si bien el efecto de enlentecimiento de
las naves no es muy grande, es medible, y hasta ahora inexplicable.
El enigma, como sucede en esto casos, ha despertado una serie de
posibles explicaciones, entre las cuales la más atrevida habla de una
nueva física. Para completar los elementos del misterio, se añade que
sólo una fracción de los datos recogidos por las naves en todos estos
años han sido analizados para estudiar esta anomalía.
Aquí es donde aparece otro protagonista de la trama, La Sociedad
Planetaria - institución sin fines de lucro creada en los `80 por Carl
Sagan, Bruce Murray y Louis Friedman para promover la exploración del
sistema solar y la búsqueda de inteligencia extraterrestre- que al
mejor estilo de Sherlock Holmes intenta colaborar en la solución del
enigma.
Tan solo 11 años de los datos Doppler de las sondas Pioneer – que
permiten calcular su velocidad - han sido analizados hasta hoy, sin que
se haya encontrado ninguna solución para la ralentización de las
sondas. Gran parte de los datos de la misión de ambas naves están en
desorden, en soportes tecnológicos viejos y en peligro de ser
destruidos, entre otras cosas, porque la NASA no disponía de fondos
para analizarlos.
La Sociedad Planetaria, entonces, hizo un llamamiento a sus miembros en
todo el mundo y juntó los fondos necesarios para recuperar y validar el
tesoro que representa esta información.
“Estamos felices de acudir al rescate cuando nadie podía hacerlo”,
expresa Bruce Bettys, Project Manager de la Sociedad Planetaria, en el
sitio de esta institución. “Sea que los datos revelen que la anomalía
está causada por algún efecto banal proveniente de las naves mismas, o
que lleve a un nuevo entendimiento de la física, la Anomalía de las
Pioneer ha sido un misterio que debe resolverse”, afirma con convicción.
Luego de que esta sociedad inició el proyecto, el Jet Propulsion
Laboratory (JPL) también contribuyó con algunos fondos. Los datos están
siendo ahora recolectados, ordenados, validados, traspasados a soportes
más modernos y le serán entregados a un equipo de científicos para que
los analicen.
El éxito de esta empresa se extendió más allá de los datos referido a
la velocidad. El Master Data Records (MDR), que fue descubierto
almacenado en el Ames Research Center de la NASA, contenía más
información sobre las naves mismas y datos científicos. El plan
original de este centro, que operaba las naves espaciales, era
guardarlos por siete años. Afortunadamente, muchos registros fueron
mantenidos y, gracias a Viktor Toth, un diseñador de software
canadiense, los archivos de registros de telemetría también están
siendo recolectados y ordenados.
Según la Sociedad Planetaria, los datos del MDR incluyen mediciones de
temperatura de las naves durante el transcurso de las misiones. Lo que
ellos añadirían a la resolución del misterio es poder modelar la
radiación termal de las naves y su variación a lo largo del tiempo que,
tal vez, ayudaría a explicar la anomalía.
La “novela” de las Anomalías de las Pioneer comenzó a escribirse cuando
John D. Anderson y colegas del JPL se dieron cuenta de que las
trayectorias de las dos naves se estaban desviando de las
correspondientes según las leyes del movimiento.
Luego de 30 años de viaje por el espacio y de pasar cerca de Júpiter y
Saturno, el resultado es que las Pioneer están a aproximadamente 240
mil millas más cerca del Sol de lo que deberían. Es decir, la distancia
de la Tierra a la Luna, lo que, si se tiene en cuenta que viajan a 30
mil millas por hora y lo han hecho por tanto tiempo, parece una
diferencia trivial. Pero no para los científicos, porque ningún factor
conocido explica esta divergencia.
¿Qué explicaciones se proponen para la diferencia en la velocidad?
Varias, pero por ahora son hipótesis que habrá que investigar. Podría
ser el plasma interplanetario y el viento solar, quizás un retroceso
termal debido al calor generado por las pilas atómicas de las sondas,
tal vez la misteriosa Materia Oscura en la galaxia, o hasta la
manifestación de una nueva física.
Con los datos actuales, ninguna hipótesis puede darse por válida. Tal
vez, los datos salvados por el improvisado Holmes de esta historia, la
Sociedad Planetaria, puedan brindarles a los científicos más
información para resolver el enigma.
Mientras tanto, ambas naves se alejan. La Pioneer 10 se encontró con
Júpiter en diciembre del `73 y su hermanita, la 11, pasó por Saturno en
septiembre del ´79. Luego, ambas sondas se embarcaron en órbitas de
escape hacia lados opuestos del sistema solar viajando a través de la
eclíptica, el plano imaginario que describe la órbita de la Tierra
alrededor del Sol.
Si nada interrumpe su camino, la Pioneer 10 viajará hacia Aldebarán, la
estrella roja que forma el ojo del toro en la constelación de Tauro.
Los memoriosos tal vez recuerden que lleva una placa diseñada por Carl
Sagan, que explica la ubicación de la Tierra, la fecha en que la nave
fue construida y un dibujo de un hombre y una mujer. Si alguna
civilización la encuentra podrá saber algo de nosotros y dónde estamos.
Su compañera de misión, la Pioneer 11 va rumbo a Lamda Aquila, una
estrella de magnitud 3.4 que senala la cola de la Constelación del
Aguila, donde, si tiene suerte, llegará dentro de unos 4 millones de
años. Ojalá que ya no lleve el misterio a cuestas.
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